EL GÉNERO EN LA
EDUCACIÓN
Luz
Yazmin Molina Camacho
Resumen
La finalidad de este
artículo es mirar como la educación ha conllevado hacer diferencias entre niña-
niño, hombre-mujer, lo que debe hacer cada uno según su género, estableciendo
roles que debe seguir cada uno según su cultura y sociedad. Cuando hablamos de
género nos referimos a esta construcción simbólica que se ha generado en la
educación de las familias para hacer diferenciaciones entre hombre y mujer. Pero
que en siglo XXI se está luchando por una educación de igualdad de género,
donde a los individuos sean tratados con equidad y sean involucrados en la
sociedad.
Palabras clave: género,
educación, igualdad.
Introducción
La
educación es la guía de una sociedad hacia donde se dirige y que se quiere de
ella; la educación es un derecho humano que toda la sociedad debe ejercer; esta
educación es social y participativa pero hay dos vertientes educación familiar
y educación impartida por la institución; por lo tanto la educación ha seguido
patrones culturales y sociales de su misma sociedad.
Hablar
de género es una constante por las situaciones que vive la sociedad, de lo que
pasa en la actualidad, podemos hablar de educación con perspectivas de ser
inclusiva y con equidad; sin embargo nos preguntamos ¿qué pasa en la sociedad?,
¿Qué pasa en la educación? Con respecto a este tema.
Las
diferencias sexuales son elaboradas simbólicamente, de tal manera que las
concepciones de ser hombre y ser mujer están cargadas de significados que
trascienden los hechos de la biología. Se ha obligado al ser humano (hombre
–mujer) a clasificarse por género femenino-masculino, por lo cual la educación
ha contribuido a establecer sus roles de género acorde a los estereotipos
establecidos por una cultura. La feminidad y la masculinidad son construcciones
sociales, por lo que ser mujer y ser hombre no son destinos y esencias, sin
embargo en la sociedad esto es lo que marca la diferencia entre uno y otro.
Esta
diferencia existente entre hombre y mujer, ha nacido como una necesidad de identificarnos
¿Quién soy? ¿Yo soy? O diferenciarse de otro y catalogarse como uno mismo,
necesita de la interferencia de un “alter”, de otro que reconozca esa
diferencia y esa existencia. Hay que entender que cuando las personas
clasifican su grupo perteneciente; lo identifican como tal, de forma implícita
excluyen a quien no está dentro de esa agrupación. De esta forma se construyen
a través del “otro” marcando una clara diferencia.
Desde
esta perspectiva no es posible hablar de un “yo” sin un “tú” o “él, ella” u
“otros” ya que generamos un sentido de existencia en la medida en que nos
diferenciamos de los otros.
Las
ciencias sociales como antropología, sociología son ciencias que se ha preocupado por entender las
diferencias entre unos y otros, estableciendo que estas discrepancias son un
producto sociocultural y no natural. Sin embargo en esta problemática de género
que se ha creado en la sociedad por parte de la educación para hacer
diferencias sociales de género; pero ahora el nuevo papel de la educación es
cambiar toda esta gama de estereotipos para crear igualdad de género entre los
niños y niñas, mujeres y hombres.
Por
otro lado, entendiendo que las diferencias de las alteridades son
construcciones socioculturales donde se pone de manifiesto una superioridad y
una inferioridad, es claro mencionar que de esta forma se expone la concepción
del hombre, ya que normalmente se tiende a hablar del hombre, englobando como
tal a toda la especie humana. Sin embargo las mujeres o el concepto de mujer
propiamente dicho, es una alteridad. La idea de hablar solo de “hombre” viene a
ser androcéntrico, es decir la idea de focalizar y centralizar al varón en el
eje del mundo, por lo que la percepción que se tenga sobre este es acorde a la
visión del “hombre”, apareciendo siempre como el personaje principal dejando de
lado la misma existencia de la mujer. Se pudiera decir que el “hombre” es
considerado como un ser superior a la “mujer”, razón por la que se tenga esta
visión androcéntrica.
Desarrollo
Somos una sociedad que nos gusta
separar las cosas, objetos, lo bueno de lo malo, mujer-hombre,
femenino-masculino y así sucesivamente que permite vivir en dualidades; de tal
manera que entre hasta la sociedad se divide por clases sociales y culturales.
Sin embargo estas dualidades son
creadas simbólicamente por la sociedad para crear un tipo de armonía, pero a
veces se da preferencias hacia uno de los lados, y en la educación tanto
familiar y social se les enseña a los niños y niñas de lo que deben hacer,
jugar según su sexo referido hacia su género (masculino-femenino).
Anteriormente esta situación era bien
marcada por la sociedad para separar a niñas (muñecas), niños (carros); sin embargo
no es algo que se ha quedado en el pasado sino que hasta esta altura del siglo
XXI esta educación sigue dando pauta a la diferenciación de género y las
actividades, roles y colores que le corresponde a cada género según la sociedad
lo establezca. Taely (2010) visualiza a la educación “como
proceso de formación de los seres humanos para la sociedad, se encuentra
determinada por los requerimientos del ser social” (p. 183). Es así como la
feminidad y la masculinidad son construcciones sociales, por lo que ser mujer y
ser hombre no son destinos y esencias, sin embargo en la sociedad esto es lo
que marca la diferencia entre uno y otro.
En este sentido la educación busca esa
igualdad entre pares (niños y niñas) para que todos tengan las mismas
oportunidades, la UNESCO
define la igualdad de género como la situación en la que “las mujeres y los
hombres gozan de la misma condición y tienen las mismas oportunidades para
hacer efectivos el disfrute pleno de sus derechos humanos y su potencial a fin
de contribuir al desarrollo nacional, político, económico, social y cultural y
de beneficiarse de sus resultados” por ese se tiene que asegurar la educación
sea sin distinciones para que todos los
niños y niñas gocen de sus derechos.
Es por ello que la educación debe cubrir las
nuevas necesidades de la sociedad, ya que lo anterior está siendo refutado por
una sociedad igualitaria y equitativa, en tal sentido que se trata de hacer un
giro en las concepciones de género para mirar y actuar desde otros puntos de
vista, para dejar fuera los estereotipos que nos siguen marcando esta diferencia
de género con ideas sexistas, que aún se puede ver en las escuelas donde se
dice en las aulas -los hombres son mejores en las áreas de matemáticas,- -las
mujeres son mejores en las áreas sociales y de manualidades-; estas ideas
generan desigualdad y concepciones erróneas; que dan paso a la clasificación de
lo que supuestamente debe hacer los individuos según su género; hasta cierto
punto que cuando el individuo tiene que escoger su carrera profesional le
siguen los prejuicios y estereotipos de género (femenino/masculino).
Esta
situación es marcada en las aulas de nivel licenciatura cuando se visita por
ejemplo un salón de arquitectura o ingeniería hay más hombres que mujeres; que
cuando visitas una aula de educación o enfermería hay más mujeres que hombres; también
se ve en las escuelas normales en una aula de educación de matemáticas solo se
ven máximo 5 mujeres y los demás hombres, a comparación de una aula de educación preescolar la
mayoría son mujeres y como máximo se pueden observar 3 hombres; esto nos da
entender que la mayoría sigue estos patrones culturales inconscientemente.
Y
si lo vemos en la política a nivel mundo son contadas las mujeres que han
alcanzado un lugar presidencial; en México esta idea de tener una presidenta
mujer ocasiona disturbio, y nacen comentarios negativos hacia la mujer como: no
sabría qué hacer, la mujer ni sirve para ese puesto, la mujer esta para cuidar
a los niños, estar en casa.
Estas
ideas siguen porque es lento el proceso para dejar ideas culturales que son
enraizadas desde la niñez de generación en generación; pero que es momento
también de dejarlo atrás, porque afecta a la sociedad en general y queremos una
sociedad con oportunidades para todos donde se desarrollen integralmente sin
prejuicios y estereotipos de género; tanto dentro de las escuelas como fuera de
ella. Este cambio será lento pero no imposible si todos nos esforzamos por
cambiar nuestras concepciones de género.
Es
importante reconocer la crítica feminista quien puso en tela de juicio el hecho
de que el sujeto del conocimiento siempre ha sido masculino, esto en el sentido
de que el mismo orden social es simbólico y ratifica la denominación masculina
en la que se apoya, es decir; que es la misma sociedad quien ha puesto de
manifiesto y asimilado el poder masculino como un orden natural. Nace la
pregunta en ¿qué momento se le dio el poder al hombre? Y ¿qué momento la mujer
se dejó manipular y sentirse inferior? Con respecto a las críticas,
especialmente en antropología fueron realizadas por antropólogas, mismas que al
percatarse de que en los estudios de sus compañeros era el ser masculino el
centro de sus tesis, sin darle un papel considerable al ser femenino existente
en las sociedades estudiadas, deciden enfocarse al estudio de la mujer.
“Rohrlich-Leavitt,
Sykes y Weatherford demuestran claramente que mientras algunos autores
especialistas en etnografía australiana habían presentado a las mujeres indígenas
como ritualmente contaminadas y económicamente insignificantes, Phillips
Kaberry y Jane Goodale habían planteado cómo estas mujeres tenían una posición
de respeto, (por ejemplo las mujeres tiwi que estudia Goodale son excelentes
cazadoras y colaboran en la dieta del grupo), llevaban a cabo ciertos rituales
(en el mismo caso, los de preparación de los instrumentos de caza puede servir
de ejemplo) y por tanto tenían un papel central en sus grupos” (Moncó 2011:24).
Así se puede ver que el
enfoque que se la ha dado a la mujer dentro de los estudios sociales depende de
la importancia que le dé el investigador social. También es posible percibir
que los antropólogos occidentales no estaban dispuestos a eliminar sus ideales
etnocentristas y sexistas, dado que las etnografías enfocadas a la mujer fueron
realizadas por antropólogas.
Se pude decir que la mujer
como una construcción simbolizada es la alteridad del hombre desde la óptica
androcéntrica, “pues en este pensamiento inicial y primigenio se está asumiendo
que las diferencias sexuales son datos incontestables de la naturaleza que se
trasladan de forma clara y sencilla al orden de lo social y cultural” (Moncó
2011: 25).
¿Ningún individuo de la
especie humana tiene verdaderos derechos o bien todos tienen los mismos
derechos?
Se necesita de algo más que
las diferencias naturales, es decir; físico-biológico para marcar las
discrepancias entre hombres y mujeres. Tomando esto en cuenta se entiende que
estas oposiciones se forman a la hora de trasladar lo natural a lo social, ya
que el problema de dichas diferencias no está en la anatomía de uno y otro,
sino en el valor cultural que se le ha otorgado y en el proceso de
naturalización generado socioculturalmente, cuya base es precisamente esa
diferencia.
Así la desigualdad no viene
determinada genéticamente, sino que ha sido una construcción cultural. “Es
mediante tales procesos transformativos que lo natural se significa desde la
cultura y lo cultural se legitima a fuerza de naturalizarlo” (Moncó 2011: 27).
Con esto se crean procesos de dominación: idea de que el hombre es superior a
la mujer; visto desde una postura naturista, por lo cual la mujer ha sido
nombrada y significada por el hombre ya que el poder ha estado en manos de los
varones además de que es a partir de ellos que se construye la diferencia del
“otro”.
“De este modo,
independientemente de las diferencias culturales de unos y otros, en todos los
grupos humanos, en todas las culturas, existe un sistema de pensamiento que
divide lo masculino y lo femenino y, además, opone uno al otro construyendo así
"una valencia diferencial de los sexos" (Héritier, 1996: 23) que se
basa en la interpretación, valor y significado que cada cultura atribuye a cada
uno de ellos” (Moncó 2011: 28).
Estas diferencias entre hombres
y mujeres están presentes en todas las sociedades del mundo, sin importar la
cultura a la que pertenece cada uno de ellos, el tiempo y el espacio, las
cuales se ven reflejadas en las prácticas culturales llevadas a cabo por los
integrantes de cada sociedad. Como se ha dicho, la idea de que la mujer es
diferente por naturaleza, lleva a concebir que también sea distinta en su forma
de actuar, pensar, sentir y en su intelectualidad.
Esta noción de género surge por la
instancia de que lo masculino y lo femenino no son hechos naturales sino
construcciones culturales. Margaret Mead es pionera en
desarrollar estudios relacionados con el concepto de género, donde en sus
estudios pone de manifiesto a la mujer como tema central, generando debates
sobre el origen natural o social entre el hombre y la mujer. Sin embargo una de
las obras que pone en tela de juicio estos aspectos de diferencia es El segundo sexo, libro escrito por
Simone de Beauvoir en 1949. Esta obra y el movimiento feminista de la década de
1960 contribuyen al fortalecimiento del concepto de género.
“En 1972, Ann Oakley
publicaría Sex, Gender and Society y establecería la oposición entre sexo y
género remitiendo el primero a las diferencias biológicas y anatómicas entre
mujeres y hombres en tanto que el segundo incidiría en la diferenciación
socio-cultural entre lo femenino y lo masculino” (Moncó 2011: 37).
Es a partir de este momento
donde el termino género como criterio analítico toma fuerza en los estudios sociales
en las ciencias sociales.
Con todo lo anteriormente
escrito se debe entender claramente que la naturaleza por sí sola, no obliga,
no sanciona, no pone normas, ni mucho menos moraliza, sino que somos nosotros
como seres humanos quienes hemos utilizado esta para justificar y legitimar
ciertas prácticas socioculturales que hemos creado. Por lo tanto se entiende
que género es una construcción ideológica donde pone de manifestó la verdadera
diferencia entre hombres y mujeres, ya que se deja de lado la concepción
biológica sobre uno y otro, centrándose en las relaciones entre seres
masculinos y femeninos entendidas como construcciones culturales.
Es por esa razón que la
educación debe tener nuevas formas de bordarse dentro de la sociedad para que
la igualdad, equidad e inclusividad, se vea favorable para todos los ciudadanos
gocen de sus derechos humanos, y se desarrollen íntegramente con sus propias
habilidades, capacidades y destrezas; pero que nada les pueda limitar, ni decir
esto no puedes hacer por ser mujer u hombre sino que no importe el género o
sexo que tengan; serán ciudadanos capaces de hacer lo que se proponen así ser mejores y verse con las mismas
oportunidades.
Conclusión
Las desigualdades de género
se construyen como causa de la interacción que se juega entre unos y otros, para
poder reconocerse, en el caso de las mujeres, es necesario reconocer al hombre
y viceversa, por tanto, no se puede pensar a unos sin los otros. Es una
cuestión recíproca. Pero que en nuestro tiempo actual deben cambiar para vernos
como iguales.
Lo que conocemos como
masculino o femenino, no es otra cosa que el resultado de una construcción
sociocultural que se ha forjado con el paso del tiempo, donde se le agregan
determinados atributos o características tanto a lo femenino como a lo
masculino, por lo cual deben desempeñar roles diferentes. Toda esto basado en
la naturaleza humana, es decir, la diferencia de sexo. Pues es gracias a esta
discrepancia que se atribuyen determinadas características que van más allá de
lo físico-biológico. Esto es lo que ha llevado a pensar que el género masculino
y femenino son sinónimos de hombre y mujer, ya que estas construcciones tienen
su base en aspectos netamente naturales, por lo que sexo y género están
ligados.
Esto no quiere decir que la
naturaleza determina lo que somos, pues somos resultado de los parámetros
culturales que asimilamos y practicamos dentro de la sociedad a la que
pertenecemos. Los roles se asignan acorde al sexo que tengamos y así se
establecen los estereotipos que determinan como deben de comportarse los
hombres y las mujeres. Tomando esto en cuanta es posible decir que uno es
hombre y mujer dependiendo de los estereotipos que se imponen dependiendo de la
cultura en la que uno se desarrolla, por lo cual es totalmente cuestionable el
ser hombre o mujer.
La educación debe eliminar
los prejuicios y estereotipos generados por la sociedad para crear una educación de igualdad de
género, donde todos se vean como individuos
capacidades de hacer lo que les gusta, donde en las aulas no debe haber
comentarios sexistas de ningún tipo;
para que los niños y niñas logren formase íntegros en una sociedad con
oportunidades para todos, sin importar si eres mujer u hombre; así ellos decidir
que ser como profesionistas porque les gusta y no por ideas sexistas.
Si la educación cambia las
demás áreas sociales también cambiarían para respetar los derechos humanos, y
todos colaborarían para que se practique la igualdad y la equidad de género.
Bibliografía
Beauvoir S. (1949) El
segundo sexo. Francia
Beauvoir S. (1967) La
mujer rota. Francia
Moncó, Beatriz (2001) Antropología
del género, SINTESIS, España
Taely G., F. (2010). El nuevo paradigma de la complejidad
y la educación: una mirada histórica. Polis, Revista Latinoamericana, 9, 25,
pp. 183-198. Consultado en http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S071865682010000100010&script=sci_arttext a
distancia.
Unesco (2019) Educación y género https://www.siteal.iiep.unesco.org/sites/default/files/sit_informe_pdfs/siteal_educacion_y_genero_20190525.pdf

Comentarios
Publicar un comentario