Enero 2021

EL GÉNERO EN LA EDUCACIÓN

Luz Yazmin Molina Camacho

Resumen

La finalidad de este artículo es mirar como la educación ha conllevado hacer diferencias entre niña- niño, hombre-mujer, lo que debe hacer cada uno según su género, estableciendo roles que debe seguir cada uno según su cultura y sociedad. Cuando hablamos de género nos referimos a esta construcción simbólica que se ha generado en la educación de las familias para hacer diferenciaciones entre hombre y mujer. Pero que en siglo XXI se está luchando por una educación de igualdad de género, donde a los individuos sean tratados con equidad y sean involucrados en la sociedad.

Palabras clave: género, educación, igualdad.

Introducción

La educación es la guía de una sociedad hacia donde se dirige y que se quiere de ella; la educación es un derecho humano que toda la sociedad debe ejercer; esta educación es social y participativa pero hay dos vertientes educación familiar y educación impartida por la institución; por lo tanto la educación ha seguido patrones culturales y sociales de su misma sociedad.

Hablar de género es una constante por las situaciones que vive la sociedad, de lo que pasa en la actualidad, podemos hablar de educación con perspectivas de ser inclusiva y con equidad; sin embargo nos preguntamos ¿qué pasa en la sociedad?, ¿Qué pasa en la educación? Con respecto a este tema.

Las diferencias sexuales son elaboradas simbólicamente, de tal manera que las concepciones de ser hombre y ser mujer están cargadas de significados que trascienden los hechos de la biología. Se ha obligado al ser humano (hombre –mujer) a clasificarse por género femenino-masculino, por lo cual la educación ha contribuido a establecer sus roles de género acorde a los estereotipos establecidos por una cultura. La feminidad y la masculinidad son construcciones sociales, por lo que ser mujer y ser hombre no son destinos y esencias, sin embargo en la sociedad esto es lo que marca la diferencia entre uno y otro.

Esta diferencia existente entre hombre y mujer, ha nacido como una necesidad de identificarnos ¿Quién soy? ¿Yo soy? O diferenciarse de otro y catalogarse como uno mismo, necesita de la interferencia de un “alter”, de otro que reconozca esa diferencia y esa existencia. Hay que entender que cuando las personas clasifican su grupo perteneciente; lo identifican como tal, de forma implícita excluyen a quien no está dentro de esa agrupación. De esta forma se construyen a través del “otro” marcando una clara diferencia.

Desde esta perspectiva no es posible hablar de un “yo” sin un “tú” o “él, ella” u “otros” ya que generamos un sentido de existencia en la medida en que nos diferenciamos de los otros.

Las ciencias sociales como antropología, sociología son ciencias  que se ha preocupado por entender las diferencias entre unos y otros, estableciendo que estas discrepancias son un producto sociocultural y no natural. Sin embargo en esta problemática de género que se ha creado en la sociedad por parte de la educación para hacer diferencias sociales de género; pero ahora el nuevo papel de la educación es cambiar toda esta gama de estereotipos para crear igualdad de género entre los niños y niñas, mujeres y hombres.

Por otro lado, entendiendo que las diferencias de las alteridades son construcciones socioculturales donde se pone de manifiesto una superioridad y una inferioridad, es claro mencionar que de esta forma se expone la concepción del hombre, ya que normalmente se tiende a hablar del hombre, englobando como tal a toda la especie humana. Sin embargo las mujeres o el concepto de mujer propiamente dicho, es una alteridad. La idea de hablar solo de “hombre” viene a ser androcéntrico, es decir la idea de focalizar y centralizar al varón en el eje del mundo, por lo que la percepción que se tenga sobre este es acorde a la visión del “hombre”, apareciendo siempre como el personaje principal dejando de lado la misma existencia de la mujer. Se pudiera decir que el “hombre” es considerado como un ser superior a la “mujer”, razón por la que se tenga esta visión androcéntrica.

Desarrollo

Somos una sociedad que nos gusta separar las cosas, objetos, lo bueno de lo malo, mujer-hombre, femenino-masculino y así sucesivamente que permite vivir en dualidades; de tal manera que entre hasta la sociedad se divide por clases sociales y culturales.

Sin embargo estas dualidades son creadas simbólicamente por la sociedad para crear un tipo de armonía, pero a veces se da preferencias hacia uno de los lados, y en la educación tanto familiar y social se les enseña a los niños y niñas de lo que deben hacer, jugar según su sexo referido hacia su género (masculino-femenino).

Anteriormente esta situación era bien marcada por la sociedad para separar a  niñas (muñecas), niños (carros); sin embargo no es algo que se ha quedado en el pasado sino que hasta esta altura del siglo XXI esta educación sigue dando pauta a la diferenciación de género y las actividades, roles y colores que le corresponde a cada género según la sociedad lo establezca. Taely (2010) visualiza a la educación “como proceso de formación de los seres humanos para la sociedad, se encuentra determinada por los requerimientos del ser social” (p. 183). Es así como la feminidad y la masculinidad son construcciones sociales, por lo que ser mujer y ser hombre no son destinos y esencias, sin embargo en la sociedad esto es lo que marca la diferencia entre uno y otro.

En este sentido la educación busca esa igualdad entre pares (niños y niñas) para que todos tengan las mismas oportunidades, la UNESCO define la igualdad de género como la situación en la que “las mujeres y los hombres gozan de la misma condición y tienen las mismas oportunidades para hacer efectivos el disfrute pleno de sus derechos humanos y su potencial a fin de contribuir al desarrollo nacional, político, económico, social y cultural y de beneficiarse de sus resultados” por ese se tiene que asegurar la educación sea sin distinciones para que  todos los niños y niñas gocen de sus derechos.

 Es por ello que la educación debe cubrir las nuevas necesidades de la sociedad, ya que lo anterior está siendo refutado por una sociedad igualitaria y equitativa, en tal sentido que se trata de hacer un giro en las concepciones de género para mirar y actuar desde otros puntos de vista, para dejar fuera los estereotipos que nos siguen marcando esta diferencia de género con ideas sexistas, que aún se puede ver en las escuelas donde se dice en las aulas -los hombres son mejores en las áreas de matemáticas,- -las mujeres son mejores en las áreas sociales y de manualidades-; estas ideas generan desigualdad y concepciones erróneas; que dan paso a la clasificación de lo que supuestamente debe hacer los individuos según su género; hasta cierto punto que cuando el individuo tiene que escoger su carrera profesional le siguen los prejuicios y estereotipos de género (femenino/masculino).

Esta situación es marcada en las aulas de nivel licenciatura cuando se visita por ejemplo un salón de arquitectura o ingeniería hay más hombres que mujeres; que cuando visitas una aula de educación o enfermería hay más mujeres que hombres; también se ve en las escuelas normales en una aula de educación de matemáticas solo se ven máximo 5 mujeres y los demás hombres, a comparación  de una aula de educación preescolar la mayoría son mujeres y como máximo se pueden observar 3 hombres; esto nos da entender que la mayoría sigue estos patrones culturales inconscientemente.

Y si lo vemos en la política a nivel mundo son contadas las mujeres que han alcanzado un lugar presidencial; en México esta idea de tener una presidenta mujer ocasiona disturbio, y nacen comentarios negativos hacia la mujer como: no sabría qué hacer, la mujer ni sirve para ese puesto, la mujer esta para cuidar a los niños, estar en casa.

Estas ideas siguen porque es lento el proceso para dejar ideas culturales que son enraizadas desde la niñez de generación en generación; pero que es momento también de dejarlo atrás, porque afecta a la sociedad en general y queremos una sociedad con oportunidades para todos donde se desarrollen integralmente sin prejuicios y estereotipos de género; tanto dentro de las escuelas como fuera de ella. Este cambio será lento pero no imposible si todos nos esforzamos por cambiar nuestras concepciones de género.

Es importante reconocer la crítica feminista quien puso en tela de juicio el hecho de que el sujeto del conocimiento siempre ha sido masculino, esto en el sentido de que el mismo orden social es simbólico y ratifica la denominación masculina en la que se apoya, es decir; que es la misma sociedad quien ha puesto de manifiesto y asimilado el poder masculino como un orden natural. Nace la pregunta en ¿qué momento se le dio el poder al hombre? Y ¿qué momento la mujer se dejó manipular y sentirse inferior? Con respecto a las críticas, especialmente en antropología fueron realizadas por antropólogas, mismas que al percatarse de que en los estudios de sus compañeros era el ser masculino el centro de sus tesis, sin darle un papel considerable al ser femenino existente en las sociedades estudiadas, deciden enfocarse al estudio de la mujer.

“Rohrlich-Leavitt, Sykes y Weatherford demuestran claramente que mientras algunos autores especialistas en etnografía australiana habían presentado a las mujeres indígenas como ritualmente contaminadas y económicamente insignificantes, Phillips Kaberry y Jane Goodale habían planteado cómo estas mujeres tenían una posición de respeto, (por ejemplo las mujeres tiwi que estudia Goodale son excelentes cazadoras y colaboran en la dieta del grupo), llevaban a cabo ciertos rituales (en el mismo caso, los de preparación de los instrumentos de caza puede servir de ejemplo) y por tanto tenían un papel central en sus grupos” (Moncó 2011:24).

Así se puede ver que el enfoque que se la ha dado a la mujer dentro de los estudios sociales depende de la importancia que le dé el investigador social. También es posible percibir que los antropólogos occidentales no estaban dispuestos a eliminar sus ideales etnocentristas y sexistas, dado que las etnografías enfocadas a la mujer fueron realizadas por antropólogas.

Se pude decir que la mujer como una construcción simbolizada es la alteridad del hombre desde la óptica androcéntrica, “pues en este pensamiento inicial y primigenio se está asumiendo que las diferencias sexuales son datos incontestables de la naturaleza que se trasladan de forma clara y sencilla al orden de lo social y cultural” (Moncó 2011: 25).

¿Ningún individuo de la especie humana tiene verdaderos derechos o bien todos tienen los mismos derechos?

Se necesita de algo más que las diferencias naturales, es decir; físico-biológico para marcar las discrepancias entre hombres y mujeres. Tomando esto en cuenta se entiende que estas oposiciones se forman a la hora de trasladar lo natural a lo social, ya que el problema de dichas diferencias no está en la anatomía de uno y otro, sino en el valor cultural que se le ha otorgado y en el proceso de naturalización generado socioculturalmente, cuya base es precisamente esa diferencia.

Así la desigualdad no viene determinada genéticamente, sino que ha sido una construcción cultural. “Es mediante tales procesos transformativos que lo natural se significa desde la cultura y lo cultural se legitima a fuerza de naturalizarlo” (Moncó 2011: 27). Con esto se crean procesos de dominación: idea de que el hombre es superior a la mujer; visto desde una postura naturista, por lo cual la mujer ha sido nombrada y significada por el hombre ya que el poder ha estado en manos de los varones además de que es a partir de ellos que se construye la diferencia del “otro”.

“De este modo, independientemente de las diferencias culturales de unos y otros, en todos los grupos humanos, en todas las culturas, existe un sistema de pensamiento que divide lo masculino y lo femenino y, además, opone uno al otro construyendo así "una valencia diferencial de los sexos" (Héritier, 1996: 23) que se basa en la interpretación, valor y significado que cada cultura atribuye a cada uno de ellos” (Moncó 2011: 28).

Estas diferencias entre hombres y mujeres están presentes en todas las sociedades del mundo, sin importar la cultura a la que pertenece cada uno de ellos, el tiempo y el espacio, las cuales se ven reflejadas en las prácticas culturales llevadas a cabo por los integrantes de cada sociedad. Como se ha dicho, la idea de que la mujer es diferente por naturaleza, lleva a concebir que también sea distinta en su forma de actuar, pensar, sentir y en su intelectualidad.

Esta noción de género surge por la instancia de que lo masculino y lo femenino no son hechos naturales sino construcciones culturales. Margaret Mead es pionera en desarrollar estudios relacionados con el concepto de género, donde en sus estudios pone de manifiesto a la mujer como tema central, generando debates sobre el origen natural o social entre el hombre y la mujer. Sin embargo una de las obras que pone en tela de juicio estos aspectos de diferencia es El segundo sexo, libro escrito por Simone de Beauvoir en 1949. Esta obra y el movimiento feminista de la década de 1960 contribuyen al fortalecimiento del concepto de género.

“En 1972, Ann Oakley publicaría Sex, Gender and Society y establecería la oposición entre sexo y género remitiendo el primero a las diferencias biológicas y anatómicas entre mujeres y hombres en tanto que el segundo incidiría en la diferenciación socio-cultural entre lo femenino y lo masculino” (Moncó 2011: 37).

Es a partir de este momento donde el termino género como criterio analítico toma fuerza en los estudios sociales en las ciencias sociales.

Con todo lo anteriormente escrito se debe entender claramente que la naturaleza por sí sola, no obliga, no sanciona, no pone normas, ni mucho menos moraliza, sino que somos nosotros como seres humanos quienes hemos utilizado esta para justificar y legitimar ciertas prácticas socioculturales que hemos creado. Por lo tanto se entiende que género es una construcción ideológica donde pone de manifestó la verdadera diferencia entre hombres y mujeres, ya que se deja de lado la concepción biológica sobre uno y otro, centrándose en las relaciones entre seres masculinos y femeninos entendidas como construcciones culturales.

Es por esa razón que la educación debe tener nuevas formas de bordarse dentro de la sociedad para que la igualdad, equidad e inclusividad, se vea favorable para todos los ciudadanos gocen de sus derechos humanos, y se desarrollen íntegramente con sus propias habilidades, capacidades y destrezas; pero que nada les pueda limitar, ni decir esto no puedes hacer por ser mujer u hombre sino que no importe el género o sexo que tengan; serán ciudadanos capaces de hacer lo que se proponen así  ser mejores y verse con las mismas oportunidades.

Conclusión

Las desigualdades de género se construyen como causa de la interacción que se juega entre unos y otros, para poder reconocerse, en el caso de las mujeres, es necesario reconocer al hombre y viceversa, por tanto, no se puede pensar a unos sin los otros. Es una cuestión recíproca. Pero que en nuestro tiempo actual deben cambiar para vernos como iguales.

Lo que conocemos como masculino o femenino, no es otra cosa que el resultado de una construcción sociocultural que se ha forjado con el paso del tiempo, donde se le agregan determinados atributos o características tanto a lo femenino como a lo masculino, por lo cual deben desempeñar roles diferentes. Toda esto basado en la naturaleza humana, es decir, la diferencia de sexo. Pues es gracias a esta discrepancia que se atribuyen determinadas características que van más allá de lo físico-biológico. Esto es lo que ha llevado a pensar que el género masculino y femenino son sinónimos de hombre y mujer, ya que estas construcciones tienen su base en aspectos netamente naturales, por lo que sexo y género están ligados.

Esto no quiere decir que la naturaleza determina lo que somos, pues somos resultado de los parámetros culturales que asimilamos y practicamos dentro de la sociedad a la que pertenecemos. Los roles se asignan acorde al sexo que tengamos y así se establecen los estereotipos que determinan como deben de comportarse los hombres y las mujeres. Tomando esto en cuanta es posible decir que uno es hombre y mujer dependiendo de los estereotipos que se imponen dependiendo de la cultura en la que uno se desarrolla, por lo cual es totalmente cuestionable el ser hombre o mujer.

La educación debe eliminar los prejuicios y estereotipos generados por la sociedad  para crear una educación de igualdad de género, donde todos se vean como individuos  capacidades de hacer lo que les gusta, donde en las aulas no debe haber comentarios sexistas  de ningún tipo; para que los niños y niñas logren formase íntegros en una sociedad con oportunidades para todos, sin importar si eres mujer u hombre; así ellos decidir que ser como profesionistas porque les gusta y no por ideas sexistas.

Si la educación cambia las demás áreas sociales también cambiarían para respetar los derechos humanos, y todos colaborarían para que se practique la igualdad y la equidad de género.

Bibliografía

Beauvoir S. (1949) El segundo sexo. Francia

Beauvoir S. (1967) La mujer rota. Francia

Moncó, Beatriz (2001) Antropología del género, SINTESIS, España

Taely G., F. (2010). El nuevo paradigma de la complejidad y la educación: una mirada histórica. Polis, Revista Latinoamericana, 9, 25, pp. 183-198. Consultado en http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S071865682010000100010&script=sci_arttext a distancia.

Unesco (2019) Educación y género https://www.siteal.iiep.unesco.org/sites/default/files/sit_informe_pdfs/siteal_educacion_y_genero_20190525.pdf

 

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